La constancia es la clave para conseguir resultados. Pero aun siendo conscientes de ello, es normal que siempre surjan imprevistos, falte tiempo o nuestro cuerpo nos pida parar. Si te preocupa cómo puede afectar a tu progreso, hoy te contamos qué sucede al dejar de entrenar.
Consecuencias de dejar de entrenar
Dejar de entrenar durante un tiempo no significa que estemos volviendo al punto de partida. De hecho, es completamente normal que haya momentos en nuestra vida en los que el entrenamiento pasa a un segundo plano. Incluso si somos personas muy constantes y comprometidas. Por ejemplo, cuando se cogen vacaciones, cambia la rutina, alguien de la familia enferma o la carga de trabajo y estrés es demasiada.
Lo que hay que tener claro es que nuestro cuerpo no es como un interruptor que cambia de estado de golpe. Es decir, que nuestra condición física se puede mantener durante un tiempo. Por tanto, los beneficios que se han conseguido no desaparecen en cuestión de días o de unas pocas semanas. En cualquier caso, si quieres saber qué ocurre a nivel fisiológico al reducir la actividad, a continuación te lo contamos:
Pérdida progresiva de la resistencia cardiovascular
La capacidad aeróbica es la primera que se ve afectada cuando se reduce el nivel de actividad física. Los estudios muestran que el VO2 máx puede empezar a disminuir después de unas dos o tres semanas sin entrenar. La consecuencia es que al correr o hacer clases intensas, sentimos antes la fatiga.
La fuerza y la masa muscular se reducen
La pérdida de fuerza no es inmediata, pero sí progresiva. A partir de las dos o tres semanas, el cuerpo empieza a reducir las adaptaciones musculares si no hay estímulo. La masa muscular puede disminuir ligeramente, sobre todo si el parón se alarga varias semanas o meses.
Cambios en el metabolismo
Al dejar de entrenar, el gasto energético diario suele bajar. Si seguimos comiendo lo mismo, es muy probable que aumente la grasa corporal. Por eso, hay que adaptar la ingesta calórica y los macronutrientes al nivel de actividad. También puede haber una ligera reducción en la sensibilidad a la insulina.
Menor movilidad y coordinación
La movilidad articular y la coordinación también se ven afectadas, en particular en aquellas actividades en las que se necesita técnica o agilidad, como es el caso de las artes marciales. Los movimientos que antes eran automáticos, pueden volverse más torpes o experimentarse rigidez.
Cambios en el estado de ánimo
El ejercicio hace que nuestro cuerpo produzca endorfinas y otras hormonas que mejoran el estado de ánimo. Por eso, al reducir la actividad, no solo podemos sentir menos energía, sino también más apatía.
La memoria muscular juega a tu favor
Por suerte, no todo son pérdidas. Nuestro cuerpo tiene memoria muscular; es decir, que recuerda las adaptaciones previas. Al volver a entrenar, la recuperación del nivel físico anterior es más rápida que cuando se empieza desde cero.
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